martes, 12 de febrero de 2013

El primero, que no significa que sea más importante...

La objetividad. Ese poder distante.
Su uso se encuentra muy extendido entre las personas que hablan mucho para decir poco. En cambio si lo utilizamos con el rigor, intensidad y tiempo necesarios, este poder es sumamente eficaz.
Hablaremos en plural (nosotros, vosotros y ellos) remarcando conceptos magnos (estructura, coyuntura, mercado, etc...).
En primera instancia conseguiremos ser escuchados atentamente; en segunda instancia, marcaremos distancia con los interlocutores con ganas de "juerga"; y en tercer lugar, podremos identificar a los individuos "objetivos" presentes para evitar colisiones.
Lo habitual es que usemos este poder como medida defensiva preventiva, con un modelo verbal de tonalidad grave y con frases cortas. En cuanto notemos que ya poseemos esa distancia de seguridad, podemos hacernos más "humanos" para que el auditorio se manifieste de forma natural y espontánea.
No abuse de ningún poder ni se enroque demasiado. Su ritmo será el ritmo de los demás. Inténtelo antes de que ellos impongan el ritmo y en pocos minutos, pasará usted a ser un desconocido para sus propios sentidos.
A menudo, se deberá mostrar duro, rígido y hasta crítico; pero siempre con la elegancia suficiente como para que los "rebeldillos" no encuentren esa brecha que tanto están deseando hallar.